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Introducción

El 27 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque coordinado contra la cúpula del gobierno iraní, acabando con la vida del ayatolá Alí Jamenei y buena parte de su equipo. Al ataque inicial le han sucedido muchos otros, con el objetivo de acabar con los misiles balísticos y el liderazgo de Irán. Irán ha dirigido ataques contra Israel y contra bases estadounidenses en la región, y ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz.

Aproximadamente una quinta parte del crudo mundial pasa por el iraní estrecho de Ormuz1, lo que lo convierte en un cuello de botella crítico para el suministro energético mundial. Los recientes ataques con misiles y drones han intensificado las tensiones en la región, obligando a los buques a detener su tránsito y causando un aumento de los costes de los seguros o incluso dejando algunos buques sin ningún tipo de cobertura.

No sabemos cuánto se prolongará el conflicto, si se producirá un traspaso de poder pacífico ni si la tensión se enquistará en la región. Irán ha anunciado que Mojtaba, hijo del fallecido ayatolá, sustituirá a su padre como líder supremo.

Esta perturbación ha provocado una conmoción energética a nivel mundial, avivado inquietudes macroeconómicas generalizadas y disparado los precios del petróleo por encima de los 100 USD el barril, su nivel más alto en cuatro años. La bolsa estadounidense cayó más de un 3 % tras la primera semana de conflicto y muestra indicios de que los descensos podrían continuar. Si los precios del petróleo se mantienen por encima de los 100 USD el barril sus efectos podrían trasladarse en gran medida a los mercados mundiales y la inflación.

En este artículo analizamos cómo estos cambios geopolíticos podrían afectar a los mercados privados y abordamos sus repercusiones a corto y largo plazo.

Consecuencias a corto plazo

A corto plazo, es probable que el conflicto provoque un aumento de la volatilidad y de los precios del petróleo. Algunos cambios podrían repercutir en los mercados privados, ya sea directa o indirectamente.

  • La Reserva Federal (Fed) seguramente esperará a que se resuelva el conflicto en Oriente Próximo antes de proseguir con sus bajadas de los tipos. Muchos inversores quizás preveían dos o incluso tres bajadas de los tipos en 2026, aunque consideramos poco probable que la Fed vaya a cambiar de política hasta que llegue una solución al conflicto.  
  • La inflación posiblemente se mantendrá por encima del objetivo de la Fed. Los altos precios del petróleo podrían provocar un aumento de la inflación a nivel mundial. Si el conflicto se prolonga pueden aumentar las probabilidades de que se produzca una recesión.
  • Es probable que los mercados bursátiles mundiales sigan mostrando volatilidad hasta que concluya el conflicto y se prevé una huida hacia las inversiones de calidad. Los mercados han sufrido fuertes caídas desde el inicio del conflicto.
  • Puede que las salidas de inversión se ralenticen hasta que haya más certidumbre en el mercado. Habíamos comenzado a observar un repunte de la actividad de fusiones y adquisiciones, transacciones y señales de que hay numerosas ofertas públicas iniciales (OPI) previstas.
  • El conflicto ha alterado las cadenas de suministro mundiales y el hecho de que se prolongue puede generar más inquietud. Hemos sido testigos de cómo importantes empresas navieras y de logística interrumpían su actividad en la región.
     

Consecuencias a largo plazo

Como es evidente, desconocemos cuánto durará el conflicto y si podría extenderse a la región. Hasta la fecha, los acontecimientos no han modificado nuestra perspectiva a largo plazo con respecto a los mercados privados. Seguimos considerando que existen oportunidades atractivas en el capital inversión, las inversiones en el mercado secundario, el sector inmobiliario (capital y deuda) y las infraestructuras.

Capital riesgo (private equity): Por motivos tanto fundamentales como estructurales, dentro del capital inversión seguimos teniendo preferencia por las inversiones en el mercado secundario. Cada vez es más frecuente que los inversores en esta clase de activos se encuentran más faltos de liquidez. El conflicto en Irán podría ralentizar o retrasar, al menos a corto plazo, el esperado repunte de la actividad de fusiones, así como las salidas. Por lo tanto, sigue aumentando la necesidad estructural de liquidez.

Proporcionar la liquidez necesaria a los inversores originales al tiempo que se revaloriza la exposición supone que las estrategias secundarias podrían tener una ventaja estructural en el actual entorno de mercado. Los gestores del mercado secundario pueden adquirir activos rentables, a menudo con descuentos con respecto a su valor liquidativo, acortar la duración de la clase de activo para sus inversores y reducir el riesgo gracias a una amplia diversificación.

Crédito privado: La liquidez y la calidad crediticia del crédito privado han suscitado una importante inquietud general, aunque nos parece exagerada. No consideramos que existan riesgos sistémicos. Al mismo tiempo, creemos que la actual ansiedad existente en el mercado podría hacer que aumentasen los diferenciales y ofrecer puntos de entrada atractivos en el crédito privado. A medida que se deteriora el clima de confianza, disminuye el flujo de capital hacia esta clase de activos, lo que ayuda a corregir el desequilibrio entre oferta y demanda que ha tenido lugar en los últimos años con la abundante entrada de dinero.

Creemos que la deuda del mercado inmobiliario ofrece características distintivas de riesgo, rentabilidad y correlación. La deuda del mercado inmobiliario se encuentra bien posicionada para ayudar a financiar el «muro de deuda» que vence en los próximos años. Es probable que los bancos sigan mostrándose reacios a prestar capital, y los gestores de crédito privado pueden intervenir para llenar este vacío, negociando precios, condiciones y pactos favorables.

Bienes inmobiliarios: Las valoraciones de las propiedades inmobiliarias se han reducido con respecto al máximo registrado en 2021, lo cual refleja el contexto de tipos de interés más altos. Creemos que existe una gran diferencia entre desplegar capital en el contexto actual y hacerlo en 2020-2021, cuando las valoraciones eran mucho más altas.

Seguimos considerando que los sectores de almacenes industriales, atención sanitaria, vivienda y consumo minorista de bienes esenciales ofrecen oportunidades atractivas, ya que existen tendencias estructurales duraderas que los respaldan. El actual conflicto en Oriente Próximo dará continuidad a la tendencia de acercar las cadenas de suministro y las operaciones logísticas a casa, por lo que creará oportunidades en el sector manufacturero industrial.

Infraestructura: Consideramos que las infraestructuras ofrecen una nueva oportunidad. En infraestructuras observamos cuatro oportunidades atractivas: infraestructura digital, descarbonización, desglobalización y demografía. En nuestra opinión, estos temas se desarrollarán en los próximos años.  

La infraestructura digital incluye centros de datos, fibra óptica y torres de telefonía móvil, lo que pone de relieve la necesidad de conectar el mundo. La descarbonización es un reflejo de que se presta más atención a transformar nuestro consumo y nuestras necesidades energéticas. La desglobalización refleja la necesidad de relocalizar nuestras cadenas de suministro y logística; y la demografía es la necesidad de responder al crecimiento de la población en algunas regiones y al envejecimiento demográfico en otras.

Conclusión

Es probable que el conflicto de Oriente Próximo siga generando perturbaciones a corto plazo, un aumento de la volatilidad y la subida de los precios del petróleo. Ha desestabilizado la región y sometido alianzas clave a tensión. Actualmente se desconoce qué sucederá y si se producirá un traspaso pacífico de poder.

A largo plazo, seguimos creyendo que los mercados privados ofrecen un conjunto atractivo de oportunidades. Para nosotros estos mercados son «capital paciente», es decir, inversiones que se desarrollarán durante varios años. Nuestra recomendación es mantener la paciencia y evitar la tentación de dejarse guiar por impulsos emocionales.

El conflicto en Irán no ha modificado nuestra opinión sobre las ideas que nos generan más convicción: la inversión en el mercado secundario, el sector inmobiliario (capital y deuda) y las infraestructuras. Con frecuencia, la volatilidad y la incertidumbre a corto plazo generan oportunidades a largo plazo a las que destinar el capital.



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