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En la cúspide del cambio de calendario hacia 2024, empiezan a concretarse una serie de puntos de inflexión en la economía mundial. Se trata de factores cíclicos y estructurales.

  • El ciclo de la política monetaria mundial está dando un giro evidente y está entrando en un ciclo bajista. Sin embargo, sigue habiendo divergencias significativas entre países y regiones, ya que algunos países llevan ya meses en sus ciclos bajistas y otros aún no han terminado sus ciclos alcistas. Una notable excepción a la tendencia mundial prevista para 2024 es Japón, donde esperamos nuevos avances hacia la normalización de la política monetaria tras años de una postura sumamente acomodaticia.
  • Parece que el mundo se ha librado de la recesión que tanto se temía hace aproximadamente un año; aunque el crecimiento se ha ralentizado, se ha comportado mejor de lo esperado. De hecho, en el último World Economic Outlook (octubre), el Fondo Monetario Internacional (FMI) señalaba que los riesgos al alza de las previsiones de crecimiento son ya cada vez más factibles, lo que refuerza la posibilidad de un «aterrizaje suave». Como viene ocurriendo desde hace algunos años, se espera que los países emergentes de Asia obtengan mejores resultados que el resto del mundo.
  • La geopolítica se ha convertido en una sombra omnipresente sobre los mercados y las economías, con factores que ya llevan tiempo planteando problemas —las tensiones entre Estados Unidos y China y la guerra entre Rusia y Ucrania— a los que se ha unido más recientemente el conflicto entre Israel y Gaza en Oriente Próximo. Los riesgos que estos y otros posibles sucesos entrañan para los mercados seguirán siendo inciertos.
  • Aparte de los posibles riesgos de mercado derivados de los acontecimientos geopolíticos, las fisuras y los cambios de alianzas que han surgido a raíz de los sucesos ocurridos en los últimos años han provocado algunos cambios estructurales en las cadenas de suministro mundiales, sobre todo en torno a la deslocalización de los lugares de suministro y al establecimiento de alianzas estratégicas en determinadas cadenas de producción. Esperamos que estos cambios perduren y vayan reforzándose a medio plazo.
  • En cuanto a nuestras perspectivas de inversión, mantenemos la visión de un dólar estadounidense (USD) más débil y unos fundamentales positivos en determinados mercados emergentes, así como en Japón.

El ciclo de la política monetaria mundial ha alcanzado su punto álgido

La inflación general ha caído —en muchos casos, de forma brusca— desde los máximos que alcanzó cuando los precios del petróleo, los alimentos y otras materias primas se dispararon debido a las alteraciones de la cadena de suministro durante la pandemia y la guerra entre Rusia y Ucrania. A medida que esta variable ha ido cayendo, la inflación subyacente también ha empezado a ralentizarse de forma notable en muchas regiones. Esto ha permitido a la mayoría de los bancos centrales de todo el mundo ralentizar el endurecimiento anterior, aunque las dinámicas idiosincrásicas tanto nacionales como regionales han hecho que dichos movimientos hayan variado hasta ahora desde recortes de los tipos de interés (como en el caso de los pioneros de América Latina), pasando por pausas (muchos de los bancos centrales de los mercados desarrollados), hasta pequeñas subidas (como en el caso de algunos de los bancos centrales asiáticos).  Sin embargo, anticipamos una imagen especular del ciclo alcista, es decir, que durante el próximo año la política monetaria mundial estará gradualmente más sincronizada que ahora; en general, esperamos que los países que aún no han empezado a suavizar su política monetaria empiecen a hacerlo en algún momento de 2024. Una excepción singular será probablemente Japón, donde creemos que a medida que la reflación se vaya consolidando de forma más estructural, el Banco de Japón empezará a regularizar su política desde su actual postura aún ultraacomodaticia.

Un aterrizaje suave parece la situación más probable, con los países emergentes de Asia aún en condiciones de obtener mejores resultados

Aunque persisten los riesgos que amenazan el crecimiento y el desarrollo mundial está siendo más discreto que deslumbrante, los resultados reales del último año han sido algo mejores que las previsiones del FMI de finales de 2022 y, desde luego, se han desmarcado de las peores predicciones sobre una recesión mundial. El FMI proyecta ahora un crecimiento mundial del 2,9 % en 2024, un modesto descenso respecto a sus niveles de 2022 y 2023. Se prevé que los países emergentes de Asia crezcan un 4,8 %, una desaceleración en comparación con 2023 pero un porcentaje superior al de 2022. Seguimos considerando especialmente atractivos algunos países de Asia, en concreto los que presentan unos fundamentos sólidos en forma de superávit por cuenta corriente, bajos déficits fiscales y bajos niveles de deuda. Algunos de estos países también están destinados a beneficiarse de las tendencias mundiales de relocalización (que se analizan con más detalle en la siguiente sección).

Los países emergentes de Asia continúan creciendo a un ritmo superior al mundial

Gráfico 1: Tasas de crecimiento reales y previstas

Producto interior bruto real anual, % interanual. 2022-2024.

 

Fuente: FMI, Perspectivas de la economía mundial, octubre de 2023. Datos más recientes disponibles. No hay garantía de que las proyecciones, previsiones o estimaciones vayan a cumplirse

La geopolítica y sus distintos efectos

Si el mundo preveía una especie de vuelta a la normalidad una vez que la pandemia por COVID-19 hubiera remitido, esta se ha convertido en una nueva normalidad caracterizada por la sombra constante de diversos factores geopolíticos. Las relaciones entre Estados Unidos y China ya eran difíciles desde hacía algún tiempo, y más tarde se reavivaron las tensiones en el Mar de China Meridional, aunque recientemente se han hecho algunos esfuerzos para aliviarlas.

Cuando la llegada de las vacunas anunciaba una tímida salida de la pandemia, el mundo se vio sacudido por la conmoción geopolítica de la guerra entre Rusia y Ucrania. A más corto plazo, su efecto sobre los precios del petróleo y de los alimentos contribuyó a un repunte de las tasas de inflación mundiales. Aunque estos efectos inmediatos se han desvanecido, la guerra continúa, por lo que persisten los riesgos posibles derivados de esta. Más recientemente, los acontecimientos en Israel y Gaza han mantenido la geopolítica en primer plano; hasta ahora no ha habido un efecto significativo en los mercados, pero sigue preocupando la posibilidad de que el conflicto se extienda por toda la región.

Más allá de las conmociones provocadas por determinados acontecimientos, en los últimos años se ha producido un reajuste de las cadenas de suministro mundiales a medida que se han ido produciendo diversos esfuerzos de relocalización en torno a la desglobalización/regionalización, incluidas las estrategias de «nearshoring», «friendshoring» y «China Plus One» (es decir, el traslado de operaciones o cadenas de suministro a países vecinos o aliados políticos o cierta diversificación fuera de China). Esto generará oportunidades para distintos países; creemos que algunos países de Asia, en particular, pueden beneficiarse de ello.

Consecuencias para las perspectivas del dólar estadounidense y otros activos

Mantenemos la opinión de que tanto los factores cíclicos (en particular, el final del ciclo de subidas de tipos en EE. UU.) como los estructurales (el doble déficit por cuenta corriente y presupuestario de EE. UU.) provocarán un debilitamiento del USD, aunque la reversión ha sido y es probable que siga siendo desigual. Esperamos que determinados mercados emergentes se beneficien de ello, al igual que Japón. En particular, creemos que algunos países de América Latina se están beneficiando de haber sido pioneros en el ciclo de los tipos de interés, mientras que algunos países emergentes de Asia tienen unos fundamentos sólidos, como se ha mencionado anteriormente, y se espera que tanto algunos factores cíclicos, como los diferenciales de los tipos de interés, como algunos factores estructurales, como la relocalización, sigan reforzando sus divisas. Japón destaca desde una perspectiva estructural, pues esperamos que el yen japonés se vea favorecido a medida que se vaya consolidando la reflación, se vaya normalizando la política monetaria y la relocalización se vaya beneficiando tanto de una posición geopolítica estratégicamente ventajosa como de ventajas comparativas en tecnología, como la robótica.

Los diferenciales de tipos de interés de la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) frente a los bancos centrales asiáticos que se espera que apoyen a las divisas asiáticas

Gráfico 2: Trayectoria de los tipos de interés oficiales de la Reserva Federal y de los bancos centrales asiáticos, consenso del mercado.

Tipo oficial por año en %. A 31 de octubre de 2023.

Fuente: Bloomberg, datos el 31 de octubre de 2023. Nota: Asia indica las medias simples de 7 economías asiáticas (Australia, Japón, Corea del Sur, India, Indonesia, Malasia y Tailandia). Las previsiones de los tipos son del consenso de Bloomberg. No hay ninguna garantía de que se realice ninguna estimación, previsión o proyección



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