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El conflicto en Irán conlleva una incertidumbre importante por lo que respecta a su duración, el resultado final para el propio país y las repercusiones tanto dentro como fuera de la región. El presidente estadounidense, Trump, ha indicado que las actividades militares podrían prolongarse hasta un mes. El objetivo declarado es reducir radicalmente las capacidades militares de Irán y poder provocar un cambio de régimen. Irán reaccionó inicialmente con ataques de amplio alcance contra otros países de la región, no solo bases militares estadounidenses, sino también objetivos civiles y plantas petroleras en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait, Jordania y Catar. Está por ver si los ataques se intensifican aún más o se moderan.

El desarrollo de los acontecimientos determinará las consecuencias económicas y el impacto en los mercados financieros. Mi primera impresión sobre el impacto económico y en los mercados es la siguiente:
 

  1. El principal impacto evidente se verá en los precios del petróleo. El tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz ha quedado prácticamente interrumpido. Esto supone una reducción significativa del suministro de petróleo, pero a corto plazo tenemos algunos factores atenuantes: (i) los mercados petroleros llegaron a esta crisis en una situación de exceso de oferta; (ii) existe un cierto exceso de capacidad en los oleoductos que puede compensar la reducción del tráfico de petroleros; (iii) Estados Unidos cuenta con un colchón de suministro en su Reserva Estratégica de Petróleo, que actualmente alcanza los 415 millones de barriles, lo que equivale al 60 % de la capacidad máxima autorizada, muy por debajo de los picos históricos debido a las reducciones de 2022-2023; (iv) estamos llegando al final del invierno en el hemisferio norte. Si el estrecho de Ormuz siguiera cerrado durante un mes, los analistas de materias primas estiman que los precios del petróleo probablemente subirían entre 10 y 20 dólares por barril. Podríamos ver un mayor aumento si Ormuz permanece cerrado durante más tiempo o si Irán destruye parte de las infraestructuras petroleras de la región.
     
  2. El efecto más inmediato se notará en la inflación y los expectativas de inflación; las swaps de inflación del euro a 2 años ya se han disparado. Consideraciones similares deberían llevar a los inversores a descontar una postura menos laxa por parte de la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo y otros grandes bancos centrales. Las correlaciones suelen ser falsas, pero resulta algo inquietante que la tendencia de la inflación en EE. UU. desde 2013 haya seguido bastante bien la trayectoria del período anterior a las dos crisis petroleras, incluidas estas últimas; si esa correlación se mantuviera, estaríamos ante un repunte de la inflación. No obstante, Estados Unidos se encuentra esta vez en una posición energética mucho más sólida que en las décadas de 1970 y 1980, puesto que el país es actualmente el mayor productor de petróleo del mundo. 

Período actual vs. década de 1970

Inflación del PCE

Fuentes: Oficina de Análisis Económicos de EE. UU. (BEA), Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU. (BLS), Fed, Reserva Federal de San Francisco, Fed de Atlanta, Macrobond. Análisis de Franklin Templeton Fixed Income Research. A 2 de marzo de 2026. GCP representa el gasto en consumo personal 

  1. Es probable que el dólar estadounidense (USD) se fortalezca a corto plazo. La menor laxitud de la Fed, la abundancia energética de la economía de EE. UU. y la aversión al riesgo probablemente detengan temporalmente, si no revierten, la perspectiva anterior de un dólar estadounidense estructuralmente más débil. El franco suizo es otra de las monedas que podrían beneficiarse de las compras en busca de refugio seguro.
     
  2. Los bonos del Tesoro de EE. UU. podrían registrar algunas entradas de capital en busca de refugio seguro por muchas razones similares, pero el impacto de una mayor demanda de refugio seguro en los rendimientos debería compensarse con el miedo a un repunte de la inflación y a la menor laxitud de la Fed. No espero un rally sostenido a largo plazo, aunque es posible que veamos un cierto aplanamiento bajista (bear flattening) a medida que el mercado descuente algunas bajadas de los tipos de interés. Además, todas mis razones para que aumenten los rendimientos a largo plazo siguen vigentes (economía estadounidense más fuerte, crecimiento más rápido de la productividad y presiones inflacionarias persistentes).
     
  3. La capacidad de resistencia de los mercados emergentes se pondrá a prueba ahora y es ahí donde podríamos ver el mayor impacto tras un inicio de año muy fuerte para los activos de dichos mercados. Es probable que esta crisis vuelva a poner de relieve la brecha entre los exportadores y los importadores de petróleo, ya que estos últimos se encuentran en una posición mucho más vulnerable. Los activos de los mercados emergentes probablemente sufran ahora los efectos de la fortaleza del dólar estadounidense y de un posible aumento de los tipos de interés de EE. UU., en un contexto de subida de los precios del petróleo.
     
  4. Los riesgos para el crecimiento mundial se intensificarán cuanto más se prolongue el conflicto; sin embargo, opino que haría falta un shock importante y prolongado en la oferta y los precios del petróleo para ocasionar una recesión mundial. La invasión de Ucrania por parte de Rusia hizo que los precios del crudo superaran los 100 dólares por barril durante unos tres meses y multiplicó por tres los precios del gas, pero la economía mundial demostró su capacidad de resistencia y, por ahora, esta sigue siendo mi hipótesis de referencia. Sin embargo, al igual que en 2022, Europa parece mucho más vulnerable y Estados Unidos, en cambio, probablemente resistirá mejor que el resto de la economía mundial.

Como todos esperamos que las hostilidades cesen pronto, mis compañeros y yo seguiremos ofreciendo nuestras perspectivas sobre el impacto en el mercado y las repercusiones para la inversión a medida que la situación siga evolucionando.



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